FRANCESITAS




Suelo tomar un café en Avenue Du Bois mientras la pequeña de mis hermanas toma su leche, aparentamos ser Parisinas que estamos de paso, que caímos por una grieta de un aeroplano de diseñador, que para poder elevarnos en el aire sólo basta que a un gigante le dé algo de tos. Zurcimos a mano los trajes de las bailarinas de Can can, nuestra paga son cinco botones y dos alfileres de colores, algo cansadas estamos de tanto caminar con nuestros costureros, Sainte-Chapelle está algo lejos, ahí le daremos gracias a Dios por bendecir nuestro viaje.

CARPE DIEM

Cuando era bailarina de estatua, si tú me dabas una moneda, yo danzaba... ¡Posición! pies separados, un, dos... marca de pie, todo el peso en una pierna y la otra en media punta. Mi hermanita pequeña pasaba su sombrero de plumas para guardar nuestras monedas. En las calles más transitadas de Lyon tocaba mi violín mientras ella hacía sus trucos de magia. Despertábamos con el Aldebert en nuestros oídos pues esa canción nos liberaba el alma. Éramos mimos, maestras de ceremonias y audaces trapecistas. Tomábamos cafécito en Toulouse, Bordeaux, Le Zèbre de Belleville.... hasta que atardecíamos con Breton y Baudelaire en nuestros libros. Teníamos un castillo de cartón en Versailles y una maleta mágica, veíamos como los niños reían como mi acto de acrobacia quedando de cabeza, mientras Raphaela hacía empuñar sus manos, cerraban sus ojos y al abrirlos aparecía una plumita. Siempre íbamos de paso, Chartres, Amiens, Notre Dame, Louvre, fueron algunos lugares donde la maletita mágica nos indicaba que hacía falta reír. Contábamos estrellas fugaces, y anochecíamos viendo girar la luna. Yo tenía una cajita donde guardábamos nuestras riquezas, pues ambas soñábamos ser dueñas de un carrito que hiciéramos girar a pulso, para no cargar con el peso de nuestros trajes de utilería en nuestras espaldas, sólo que cuando amanecía y mirábamos la ventana... Ambas... No hábíamos salido de casa...

UN PETIT VOYAGE DANS UNE MÉDUSE GÉANT




Y resultó que dimos un pequeño viaje en una medusa gigante, Pachmina era mi guía, yo una pequeñita luz en su faro.
Le inventé un acuario en el cual una caracola de Neruda le decía la hora y en las sombras que tanto ella temía hacía con mis manos unos caballitos de mar.
Barcos de papel tenía su pecera y una botella con un diminuto mensaje.
Todos los días venía con vasitos de agua para equilibrar las olas.
Un día la luna se puso pálida y la mar engreída, su duelo fué en el océano formando estrepitosa tormenta.
¿Dondé estás mamá? ¿Por qué nos hemos quedado a oscuras?
¿Por qué los navíos no ven dónde pasan? me decía su voz japonesa.
Al ver que el miedo se aproximaba en forma de ola, toqué mi violín en medio de las aguas, dejando a mi paso una danza francesa en la corriente...
Las sirenas son perspicaces saben donde poner de azul los espacios, si no le temes a mi aspecto te llevaré al océano como se vé desde una nube.
Los sueños están hechos de agua decía la Madame Méduse mientras volábamos.

DUELO DE PRINCESAS...



Las estrellas se movían a velocidad de vértigo, unos cuervos me indicaban el camino hacia el famoso Teatro de Las Sombras en el cual yo danzaría en el acto del trapecio, temí por mi violín stradivarius ya que uno de mis sueños era que el pequeño Vincent tocara la Noyee en mi acto de las cosas etéreas... La luna por encima de mi cabeza hacía presagiar el duelo, había dado de beber a un espantapájaro vivo y Oberón su Arlequín sin querer se había quedado dormido.
Y resultó que Lady Ligeia era una Princesa pequeñita, poco a poco se hizo el alba y un cuervo en miniatura le cepillaba el cabello, el silencio se apoderó del lugar y la luna se quedó dormida y se desvanecieron sin dejar rastro...
¡Y el ángel! ¿dónde está? para un duelo tenemos que estar todas ¡insistí!

Se abrió un camino a la diestra, en mitad de un cielo encantado, que hubiese jurado haberlo visto antes en una de mis pesadillas de niñita buena, parecía descendente, muy descendente conforme caminaba por él y tenía miedo...

-Estos son tus terrenos, te mostraré el camino Ligeia-
¡quiero que cuando crezcas seas una Princesa Mala!-...
Le decía Poe antes de quedar dormida...

CUANDO CONOCÍ A AIDA


Cuando conocí a Aida caminaba muy lento, se acercó pausadamente, fué amistad a primera vista, una extra comunicación visual y dulce. Hablamos por horas, no sé si fué mi niñería, que siempre en todas las abuelas me parece ver a la mía o simplemente que al oirla supe que era una mujer extraordinaria. La veía en las tardes, otras veces tan temprano que casi me parecía verla con los ojos cerrados... El día que la conocí y nos despedimos le pregunté su nombre
-Aida me llamo- dijo y yo sonreí
Insistí en comentarle que Aida también se llamaba mi abuela y que cuando nací la tierra paró de girar y como la vida obra por milagros.
El sol se había extraviado cuando la invité por vez primera a mi casa, me hizo prometer que sería un estricto secreto. Le regalé unos versos que yo le había escrito a mi abuela y visualicé a una especie de luz que venía de paso.
Recuerdo el día en que le comenté como había muerto mi Aida… -fué en el hospital y en mis brazos-, le dije llorando y que fué tal el impacto que las letras comenzaron a danzar como aeroplanos… Ella me dijo que el amor es así, que su vida nunca fué fácil, que su trabajo la llenaba de orgullo y mientras la oía hablar de su nieta, en sus rasgos tan dulces reconocí a una Princesa visible…

DEDICADO A AIDA LA AMIGA DE RAPHAELA QUE FALLECIÓ HOY MUY TEMPRANO...

Una estrella fugaz decía mañana será otro día y así la luna asomaba su cabeza.


Un día quise ver la luna debajo de la tierra
jugar a que los sueños estan hechos de agua,
y en el silencio se cruzó un ruido
en su sonido apareció su voz.

Tú reías por que al final de cuentas
todas éramos Alicia en las país de las letras maravillosas,
y en giro de cometas una estrella fugaz
decía mañana será otro día
y así la luna asomaba su cabeza.

Y Todas éramos tu madre, mamá abuela, mamá ángel
mamá abeja...

Ella me dijo una vez...

quiero ver la luna debajo de la tierra
y jugar a que los sueños están llenos de agua.

El laberinto y su Princesa...


Te hallé de repente en mi pecho como si Dios sintiera en mi boca la fatiga, tus alas me abrazaron entonces y las letras empezaron a volar como aeroplanos, veía como crecías muy pausadamente y pensé que es benevolente la tierra que me ha hecho parir un ángel... El verso es como una llave que abre ciertas puertas ...Y es de esperar que tus alas te protejan del sol cuando el Principito extraviado en el desierto quiera jugar contigo...

Nunca supe exactamente porqué dejó de hablar de Dostoievski y del Quijote,
ni porqué la luna dejó de brillar...